Sidonie tiene más de un amante

12 Abr

SidonieSi juntáramos, la poesía de Charles Cros, de boca de la no menos fascinante Brigitte Bardot, más la prosa de Pasolini, y añadiéndole unos suspiros de amor hacia el sinvergüenza (como le llaman ellos) Marcello Mastroianni, nos pondríamos en situación para definir a SIDONIE. Con una música más que cuidada, cual melena de Anita Ekbert, y la elegancia con la que la interpretan, SIDONIE, como dice la canción que lleva su nombre, tiene más de un amante, ya que a día de hoy, se cuentan por miles.

Su punto de partida fue en un lugar cualquiera de la Barcelona de finales de los noventa. Desde entonces, tres famélicos muchachos se han debatido entre la psicodelia, el pop rock atípico y un surrealismo musical en la vanguardia de las grandes bandas del corte. Con su octavo disco bajo el brazo, SIDONIE se planta en la capital con la primavera recién estrenada. No podíamos tener mejor plan de Viernes, que bailar las canciones (que un día no conocíamos y hoy forman parte de nuestra vida) de estos genios locos. Con el cartel de SOLD OUT colgado, por segunda vez consecutiva, SIDONIE regresaba dentro del certamen POP&DANCE, un festival el cual nos ofrece la alternativa de disfrutar combinando a los mejores artistas y las revelaciones del panorama. Una apuesta clara por la música en directo.

Bien entradas las nueve de la noche, el telón de fondo se empieza a proyectar el video “Un día de mierda”. Un estreno muy esperado, el cual, mediante un concurso previo, participaban todos aquellos que se atrevieran a entonar la canción. Miles de aportaciones recibidas han sido plasmadas en un video muy genuino, a la altura de la idiosincrasia de la banda, haciendo participar a sus seguidores. Sin más dilaciones empieza a sonar el himno de Canadá que da paso a la canción que da título a su último álbum “Sierra y Canadá”. La disposición escénica, nos la resuelve unos grandes neones con el nombre de cada integrante, los primero acordes del teclado dan el pistoletazo de salida… Empieza uno de los mejores directos del panorama, con una historia de amor asincrónico, el espacio se prolonga mientras el tiempo se para, cuando volvemos a escuchar “Persona” los monosílabos del inicio son coreados al unísono, la calidoscópica atracción del quinteto , en su segunda canción, nos atrapa, con el personal totalmente entregado. Seguimos surcando el espacio sideral con “Costa Azul” a una velocidad  de crucero de “Mil años luz”, volviendo otra vez a la majestuosidad de la Costa Azul  francesa, es el turno de “Los Olvidados”, un viaje estelar también tiene paradas, sobre todo, para agradecer que el grandilocuente teatro madrileño esté a rebosar, y sobre todo, para dedicar el concierto al recientemente desaparecido compañero, referente y maestro, Rafa Angulo.

Sidonie

Por y para él iban todas y cada una de las notas de aquel día, bonito homenaje. Retomamos el viaje de este transbordador interestelar con “Gainsbourg”, el genio francés nos lleva a una historia épica, con un sonido electrónico muy Sidonie genuino, al igual que “Hiroshima Mi Amor”, esquivando el holocausto post nuclear, nos desvelan un escenario poético para el amor, momento escénico donde propios y extraños alucinan (quizás me quede corto) con un tema que gana enteros en directo, con una puesta en escena y sonoridad brutales. Después de frotarnos los ojos, Sidonie nos regala “En mi garganta”, toca desojar margaritas con la cejilla en segundo traste, miradas cómplices, a golpe de acústica, dan pie a la voz del grandioso Marc Ros, ni dos estrofas han pasado para la apoteosis general, a la entrada del estribillo ya éramos suyos, como se rindió Natalie Wood a los besos de James Dean ante tal embrujo que mejor momento para que empiece  a  sonar “Fascinado”, el único corte de la noche de ese mismo disco, sin duda, otra canción bandera. Y repletos de fascinación, llegó el momento de tema nuevo “Aunque Dylan se muera”, más lejos de matar al bueno de Bob, playas en países tropicales y una vuelta a los sonidos de “El incendio”, nos hace pensar que si esto es una pista de lo que viene, estamos de enhorabuena.

Y con Bob Dylan vivito y coleando, empieza a sonar “Yo soy la crema”, Marc maraca al ristre, deja patente a la crítica quién es  quien manda, electrónica al poder, la sugerencia del estribillo da paso a un final apoteósico a las teclas que firmaría el mismísimo Daniel Manczarek  (The doors), dejando claro quien manda en esto de la música. Llegó el momento de “Un día de mierda”, a los hombros del respetable de platea, Marc nos devela un pasaje de un día que sería mejor olvidar, con el video recién estrenado esa misma noche, parece como muchas canciones de SIDONIE un poco más nuestra. Es momento de que este cohete regrese al pasado, suena “On the sofá”, con la ayuda a las congas de Ramiro Nieto la canción gana por segundos, con el tiempo justo y sin más dilación, esta astronave llamada SIDONIE se prepara para romper la barrera sónica, con tres niveles de potencia, el primero “El bosque”, seguido de “La sombra” y por último “El Incendio”, momento más pirómano de toda la noche. Porque… ¿Quién no ha perpetrado un incendio al son de este ritmo? (Si no lo habéis vivido, no dejéis de intentarlo) ¿Quién no ha visto arder los muros y los tejados? tranquilos señores bomberos,  el fuego como metáfora para definir momentos únicos en la vida.

Sidonie

Y llegamos a un receso más que ganado llamado bises, o aquello que el músico fumador  (o no) disfruta, siendo éste bastante corto para volver a lo escénico. Empieza a sonar “El mismo destello”, una versión muy curiosa, interpretada por voz y un pequeño Ukelele, dándole un toque intimista para la necesaria presentación a la banda de estos intrépidos cosmonautas, y digo necesaria, porque este transbordador espacial llamado SIDONIE, no sería nada sin Edu (Aúpa Osasuna) a los teclados  de los motores auxiliares, el gran Marcel a la guitarra, teclados, coros, paternidad … (acaba de serlo, felicidades). Y por supuestísimo a los tres fundadores: En primer lugar, el comandante de los motores principales, a  golpes de caja, la nave vuela, el bueno de Axel Pi con un estilo de tocar la batería  inconfundible, nada  académica, 100% estimulante con sus redobles imposibles que son el combustible de esta nave. Unos paso más adelante el tanque externo, el Oxígeno que se respira, el rey del Sitar, Jes Serna, multinstrumentista infatigable, de su boca salió la presentación del comandante en jefe, Marc Ros, ordenador central de esta aeronave, una de las mejores voces del panorama, una elegancia escénica inherente, como bien dice Axel, (…)No hace falta una gran ocasión para ir elegante(…) acérrimo a esas palabras, las lleva a todos los ámbitos, hasta el compositivo siendo buen cuenta “El gira luna”, una oda a los girasoles rebeldes, que sonó como nunca, servía de interludio  a un acontecimiento anodino, un valiente a la par que desconocido Fernando, pedía la mano a la no menos entregada y un tanto vergonzosa Nazaret, dándole un rotundo SI, no es para menos.

Nunca sabremos quién fue el loco que inventó el amor, pero lo que si tenemos claro es que SIDONIE lo lleva por bandera y le pone himno con “Por ti”, la más aclamada de la noche, junto a la siguiente, que la tenían que tocar porque, ¿Qué sería de un Viernes de concierto de SIDONIE sin el “Baile de viernes”?. Monumental era la agitación, dado que a la nave que se disponía a desaparecer a la velocidad de la luz, solo le quedaba “Estáis aquí”. Interpretada con Martín Perarnau, y con ella, entre una nube de confeti disparado desde el escenario, SIDONIE desaparecía entre el firmamento. Seguimos mirando al cielo por si en algún momento esta nave volviera, dicen que para San Isidro, a la estatua de la Violetera de acero del parque de las Vistillas, seguro que les encanta SIDONIE, seguro que el incendio no le quemara, seguro que le encanta el bosque, seguro recuerda a los olvidados y seguro está deseando leer esto. Y ese será nuestro único fin, nuestra única victoria, nadie moriría por páginas en blanco.

Texto: Makeda
Fotos: Rafa Ariño

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