Crítica de Love Letters, el nuevo álbum de Metronomy

27 Mar

Metronomy Love LettersSi hay algo que le tengo que agradecer a Arenal Sound es que en su tercera edición trajera a Metronomy. Sí, fue el año posterior a “The English Riviera”, por entonces los británicos presentaban el trabajo y yo, inocente desconocedor suyo fui cautivado por un directo que me quedó grabado en la memoria. A partir de ese día les seguí la pista más de cerca y sin convertirme fan número uno de ellos quedé atrapado con temas que aún hoy me siguen sabiendo muy bien -“Trouble”, “Everything Goes My Way”-.

Ahora los británicos han vuelto con un nuevo álbum, no sé si con energías renovadas, pero me da la impresión de que no mucho. Partiendo de que el conjunto tiene una personalidad y un estilo muy bien definido –uno de sus puntos fuertes, sin lugar a dudas- y que su última obra les trajo grandes resultados –basta con ver el alcance que obtuvieron temas como “The Look” o “The Bay”- me esperaba un trabajo por lo menos tan refrescante como el de su predecesor. No obstante, tras escuchar el álbum varias veces no he conseguido entrar completamente. Love Letters no luce por ser un largo complejo y elaborado, -tampoco lo hizo The English Riviera- pero tampoco lo hace por su intensidad y vitalidad.

La primera parte prácticamente ya la conocíamos. “The Upsetter” presenta la obra con una melodía frágil y una estructura muy reconocible: marcada por la presencia de sintetizadores tempranos y estrofas en bucle que ganan terreno con los minutos. Destacaría la buena culminación del tema con un hermoso solo de guitarra. “I’m Aquarius” –presentada como primer single del disco- propone una línea que entendemos y que esperamos encontrar a lo largo del álbum. De algún modo u otro, la viejuna “Monstrous” no se desvía del camino, pues propone un tema sin misterio encabezado por un sintetizador que afianza esa condición electro-pop en la que tan bien se desenvuelven. Pero como decíamos, no tiene misterio, de modo que llegamos a la intro de la clásica y glamurosa “Love Letters”, el tema que más me gusta del disco y que mejor defiende el nombre que se ha construido Metronomy. Tanto los coros femeninos que te envuelven constantemente como el desarrollo enérgico que impera a lo largo de la canción –sin contar el minuto y poco inicial del saxo- hacen de él uno de los mejores cortes de su discografía. Pero sigamos, porque aquí no todo es de color rosa como la estampa de su portada; pistas como ésta última ya no volvemos a encontrar.

La bien intencionada instrumental “Boy Racers”, que termina haciéndose algo larga, marca una segunda parte descafeinada, triste y asimismo poco emotiva. El claro ejemplo es “Call Me”; lo poco que me transmite no sé muy bien qué es. En la misma línea aunque algo más armónica le sucede “The Most Immaculate Haircut” -con chapuzón nocturno incluido para recrear- con una melodía pesarosa que no llega a envolverme como ella quisiera. Tal vez ese espíritu que tanto achaco se deje entrever en “Reservoir”, tema donde se muestran algo más pretenciosos recurriendo a ritmos más bailables y jugando con sintetizadores y órganos barrocos que le otorgan un aire más familiar. El balance global del disco lo podemos establecer con “Never Wanted“. Si os he de ser sincero, me ha costado mucho conectar con ella, pero al final lo he terminado haciendo. La primera impresión -crucial desde mi punto de vista- ha sido la de un tema insípido (lo sigo pensando) y carente de emoción. Aunque no he querido precipitarme y evidentemente más tarde he podido comprobar que detrás de esa monotonía se esconde una especie de melancolía e indiferencia más poderosa de lo que me imaginaba. Algo similar a como quien decide largarse una temporada de casa y refugiarse en un hostal gris. El tiempo pasa y tú aguardas mirando por la ventana, pasivo, viendo como pasan los coches y dejando que todo siga su curso.

Puede sonar paradójico pero así resumiría Love Letters. El sonido sigue ahí, pero la frescura la ha perdido. Según palabras de Joe Mount “es el disco más personal a nivel de letras“; su implicación y sus ideas se ven reflejadas en muchos temas, sí, pero no creo que todas acaben de encontrar su hogar adecuado.

 

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