Caótico directo de Crystal Castles en Barcelona

22 Feb

El concierto de Crystal Castles en Barcelona estaba predestinado a ser uno de los encuentros más esperados de la temporada, y es que tras el éxito acaparador de su tercer disco, III, ha sido mucha la gente que no ha querido faltar a la cita. No era extraño entonces ver una sala 1 repleta de gente entregada desde el minuto cero, que ya con la sintonía del residente de The Loft, Dj Undo, mostraba excitación en el ambiente. Aunque la llegada de los canadienses se haría esperar casi media hora. Cerca de las diez, el dúo de Toronto, acompañado de un batería en la retaguardia, aparecía como un fantasma desde oscuridad dispuesto a darnos la bienvenida.

Crystal Castles

“Suffocation” arrancaba la noche con un sonido potente y abrumador que se vería reforzado con una convulsa iluminación. Lejos de facilitar el visionado del espectáculo, las luces se te clavaban como cuchillos, invitándote a enloquecer tanto como la misma Glass. No obstante, cabe destacar que el sonido acabaría sobreponiéndose a la cantante. Así pues, su voz quedó en un segundo plano, viéndose aplastada por una gran masa sonora que impedía oírla con claridad. Esto ocurriría en varias ocasiones durante el concierto, momentos en que más que oírla, intuíamos que estaba allí.

El primer hit de la noche no tardaría en llegar; Ethan Kath evidenciaba la llegada de Plague con esos sonidos “animales”. Y efectivamente, Alice, como una bestia, arrancaba uno de los temas más populares de su último trabajo. Posesa, desbocada, incluso arrastrándose por el suelo; su impotencia y desesperación quedaba retratada en cada actuación, demostrando ser una auténtica fiera sobre el escenario.

CrystalCastles1

Fue gracioso ver como el vigilante de la sala se hartaba de llamar la atención a gente que fumaba, mientras que al mismo tiempo veíamos a Alice consumir pitillos sin parar. Entre trago y calada, los músicos nos obsequiaron con algunos de los temas que les lanzaron a la fama. “Alice Practice” rememoraba aquella grabación accidental que resultó ser tan exitosa, teclados y sintetizadores dirigían la frenética “Baptism”, todo un clásico en sus directos, y la fuerza de “Sad Eyes” logró contagiar su melancolía por toda la sala.

Apenas transcurrida una hora, los de Toronto abandonaban la sala con la intención de no volver. Aunque como era de esperar, al poco rato regresarían para tocar dos temas más, culminando así una noche dominada por un sonido arrollador que a muchos dejó un sabor agridulce.

Aquí tenéis un resumen de lo que fue la noche:

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